miércoles, 14 de marzo de 2012

Pensando en Mía.

Hace ya muchos meses que no la visito, y que incluso como normal y no siempre me siento culpable, o no tanto. Hace un par de meses que la chica del espejo se parece un poco mas a mi, sigue siendo una obesa, pero a veces se sonríe feliz…Hace seis meses que eres mi príncipe y me animas.

Empecé a concurrir un sitio, todo lleno de promesas de futuro “si sales de aquí no te faltara trabajo” pero en algún momento me di cuenta de que eso no era para mí. Cada día en ese sitio era un tormento, el sentir cada día como un fracaso no es lo que buscaba.
Hoy me he levantado contenta, he dejado lo que me hace infeliz: Estoy asustada, tengo que encontrar mi sitio, no puedo seguir perdida. He ido a desayunar a la cocina, y me he preparado algo de leche caliente, unas galletas y una cuchara. Tranquila mente y sin ningún remordimiento, disfrutando, he comenzado a comer. De repente y sin previo aviso el demonio a empezado ha hablar.
 “¿Qué vas ha hacer? No te permito no hacer nada”
-No he dicho que no vaya ha hacer nada.
“No me contestes”
-No te he contestado, voy ha encontrar lo que me hacer sentir bien. Quiero terminar de desayunar.
“¡Vas a ir a blablabla, y si no puedes asistir a otras clases vas a volver!”
-No voy a volver, por favor el desayuno.
“¡Si vas a volver!”
-No, ya lo he decidido. Por favor, estoy desayunando.
“No me contestes que por tu culpa llevo dos días sin dormir”
-Gracias por joderme el desayuno.

Que curioso que anoche no pudiera hablar con ella porque estaba dormida…

Me voy a mi habitación y donde estoy ahora, escribiendo, porque lo que tengo ganas de hacer es meterme los dedos hasta la garganta y echar a galleta y media que me dio tiempo a desayunar. Me miro el espejo y veo una gorda empapada en lagrimas a la que no reconozco y cada vez que suelto el bolígrafo solo pienso “Mia… ¿Dónde estas?”

martes, 13 de marzo de 2012

Realidad…

Todos somos píldoras encarceladas y condenadas por un dios cruel.
La única píldora que no deberías tomar es la única que deseas realmente.
Sabemos que moriremos y es nuestro temor a lo desconocido lo que nos aferra a religiones y creencias absurdas, es mas sencillo eso que enfrentarnos a la realidad y dejar de ser esclavos de un dios que no existe y de un mundo que no da una jodida mierda. Lo importante no es el Dios al que adores, ni las oraciones que reces, lo importante no es hacer el bien, sino no hacer el mal.
Ves pasar la vida ante tus ojos y te preguntas ¿para que? ¿para que sirven tantas horas malgastadas en libros, en trabajos, en estudios o meramente en sueños? Finalmente todos moriremos y cada cosa que hallas conseguido desaparecerá con tigo, de ahí viene nuestro afán por la inmortalidad subjetiva. No recordaras a aquel chico tímido que se sienta en su pupitre sin hacer ruido, pero jamás olvidaras a aquel que interrumpe todas las clases y esta siempre en boca de todos. No olvidaras a aquel inculto jugador de fútbol, pero no vas a recordar a aquel fontanero o simple oficinista que trabaja doce horas diarias para mantener a su familia. Nunca olvidaras a esa mujer que alguna vez follo con un tal famoso, pero la que es fiel a su marido no tiene ni nombre. Esa es nuestra manera de hallar la inmortalidad, de que lo que as conseguido no sea en vano ¿Cómo confiar en alguien si para obtener nuestros objetivos debemos traicionar, ser crueles e idiotas?¿si siempre actuamos de una manera irracional y egoísta e incluso sin sentido aparente? La respuesta es fácil, no confíes ni en ti mismo.