Hace ya muchos meses que no la visito, y que incluso como normal y no siempre me siento culpable, o no tanto. Hace un par de meses que la chica del espejo se parece un poco mas a mi, sigue siendo una obesa, pero a veces se sonríe feliz…Hace seis meses que eres mi príncipe y me animas.
Empecé a concurrir un sitio, todo lleno de promesas de futuro “si sales de aquí no te faltara trabajo” pero en algún momento me di cuenta de que eso no era para mí. Cada día en ese sitio era un tormento, el sentir cada día como un fracaso no es lo que buscaba.
Hoy me he levantado contenta, he dejado lo que me hace infeliz: Estoy asustada, tengo que encontrar mi sitio, no puedo seguir perdida. He ido a desayunar a la cocina, y me he preparado algo de leche caliente, unas galletas y una cuchara. Tranquila mente y sin ningún remordimiento, disfrutando, he comenzado a comer. De repente y sin previo aviso el demonio a empezado ha hablar.
“¿Qué vas ha hacer? No te permito no hacer nada”
-No he dicho que no vaya ha hacer nada.
“No me contestes”
-No te he contestado, voy ha encontrar lo que me hacer sentir bien. Quiero terminar de desayunar.
“¡Vas a ir a blablabla, y si no puedes asistir a otras clases vas a volver!”
-No voy a volver, por favor el desayuno.
“¡Si vas a volver!”
-No, ya lo he decidido. Por favor, estoy desayunando.
“No me contestes que por tu culpa llevo dos días sin dormir”
-Gracias por joderme el desayuno.
Que curioso que anoche no pudiera hablar con ella porque estaba dormida…
Me voy a mi habitación y donde estoy ahora, escribiendo, porque lo que tengo ganas de hacer es meterme los dedos hasta la garganta y echar a galleta y media que me dio tiempo a desayunar. Me miro el espejo y veo una gorda empapada en lagrimas a la que no reconozco y cada vez que suelto el bolígrafo solo pienso “Mia… ¿Dónde estas?”