lunes, 23 de mayo de 2011

Entre los sentimientos de desesperacion


Sentir que todo se todo se desmorona a tu alrededor, todo por lo que has luchado se desvanece, lo único por lo que sigues adelante en esta cruel carrera hacia la muerte, se va.
Solo puedes quedarte quieta, viendo como la luz de tu vida se apaga, como todo va careciendo de sentido, hasta que finalmente no quede nada.
Quieres que el fuego se quede contigo en las frías aguas del océano, pero sabes que no podría subsistir, que se extinguiría, se consumiría, y habría sido por tu culpa.
Ansias que su calor permanezca a tu lado, pero sabes que sin el fuego no hay calor. Quieres gritarle y suplicarle que no se lleve esa llama que da vida a tu alma, pero...no puedes por que de verdad lo amas.

viernes, 20 de mayo de 2011

Fantasma del infinito

Creo que esto, mucha gente, no podrá entenderlo, pero… siento una gran necesidad de que sea escrito…
No podrán entender bien esa sensación que te recorre por dentro y de golpe te sientes mal por todo: por vivir, por respirar, por cada cosa del mundo, por lo que existe y lo que no, por todo.
Solo ansias, que uno de esos finos cortes que ahora provocas en tus muñecas, valgan de algo…Que al fin puedas desaparecer y alejarte de todo.
Ser un fantasma del infinito que vaga ligera entre la nada sin sufrimiento.

jueves, 19 de mayo de 2011

Tarde de compras


No hay mayor tortura. Entras en el centro comercial, ves un millón de chicas delgadísimas y muy guapas. Sabes que tú no lo eres. Mires donde mires ves gente mejor que tu. La vergüenza se apodera de ti y cada vez te sientes más pequeña e insignificante y al mismo tiempo un enorme estorbo gordo y vomitivo, sin duda quieres salir de allí.
Entras en los probadores, te avergüenza que te vean entrar con esas tayas tan grandes (36, 38…). Te sientes aturdida y muy incómoda. La ropa te encanta, pero no te gusta cómo te queda nada. Te asquea la imagen reflejada en ese estúpido espejo, es una tortura tener que mirarte tantas veces. Escoges lo que menos te disgusta y vuelves a vestirte.
Te quedas parada frente al espejo, manteniendo la mirada con tus propios ojos empañados en lágrimas, tratando de encontrar el valor para salir del probador y enfrentarte de nuevo con toda esa gente superior a ti.
Al fin lo encuentras y sales. Una chica muy alta y delgadísima, de rasgos casi perfectos, parece un maniquí, te pregunta:
-¿Qué tal? ¿Te ha gustado?
Pones tu mejor falsa sonrisa y respondes:
-Muy bien, esto no me ha gustado mucho, pero esto otro me encanta, gracias.
Pagas y sales lo más rápido que puedes, fingiendo que no que no te da vergüenza tu cuerpo, que no te sientes inferior, que no deseas ser invisible.
Llegas a casa, te encierras en tu habitación. Apoyas la espalda contra la pared y te derrumbas.
Solo te gustaría dejar de ser tú.

sábado, 14 de mayo de 2011

Soledad

Eso que siento en cada uno de mis días, lo primero en que pienso al abrir los ojos por la mañana. Eso que por culpa de vosotros, inmundos y egocéntricos seres, me invade en una sensación desesperada.
Me arde por dentro el dolos de no entender nada, ni a nadie, y que tampoco a mi me puedan entender. Ser extraña entre lo extraño. No pertenecer a nada.
Grito pidiendo ayuda, pero nadie me escucha. Me paro frente al mundo, me detengo tan solo un instante, para tratar de entender mí alrededor, para sentir una vez más su ya escasa belleza. Veo gente, todos se van con prisas, sin darse cuenta de mi presencia. Grito para que me oigan, quiero llamar su atención. Pero todo da vueltas, cada vez más rápido, todos se van, y sigo sola, en el centro de todo, pero sola.
Cada vez soy más pequeña, cada vez mi voz se oye menos, aun que yo grite y grite mas y mas alto, y me quedo hay, sola, sin nada, sin nadie que me escuche, enferma del dolor.
Vosotros, vosotros que hacéis enfermar el mundo, también me habéis hecho enfermar a mí. Con pesticidas de mentiras y promesas de falsas buenas intenciones.
Los que vivís en un baile de mascaras constante, prometiendo vuestra ayuda. ¿Por qué tuvisteis que invitarme? Los que entre sonrisa pudrís la realidad, los que os queréis llamar amigos ¿amigos? ¿Cómo podéis ser mis amigos y no oírme gritar pidiendo ayuda, desde este enfermizo avuguero de desesperación?