Eso que siento en cada uno de mis días, lo primero en que pienso al abrir los ojos por la mañana. Eso que por culpa de vosotros, inmundos y egocéntricos seres, me invade en una sensación desesperada.
Me arde por dentro el dolos de no entender nada, ni a nadie, y que tampoco a mi me puedan entender. Ser extraña entre lo extraño. No pertenecer a nada.
Grito pidiendo ayuda, pero nadie me escucha. Me paro frente al mundo, me detengo tan solo un instante, para tratar de entender mí alrededor, para sentir una vez más su ya escasa belleza. Veo gente, todos se van con prisas, sin darse cuenta de mi presencia. Grito para que me oigan, quiero llamar su atención. Pero todo da vueltas, cada vez más rápido, todos se van, y sigo sola, en el centro de todo, pero sola.
Cada vez soy más pequeña, cada vez mi voz se oye menos, aun que yo grite y grite mas y mas alto, y me quedo hay, sola, sin nada, sin nadie que me escuche, enferma del dolor.
Vosotros, vosotros que hacéis enfermar el mundo, también me habéis hecho enfermar a mí. Con pesticidas de mentiras y promesas de falsas buenas intenciones.
Los que vivís en un baile de mascaras constante, prometiendo vuestra ayuda. ¿Por qué tuvisteis que invitarme? Los que entre sonrisa pudrís la realidad, los que os queréis llamar amigos ¿amigos? ¿Cómo podéis ser mis amigos y no oírme gritar pidiendo ayuda, desde este enfermizo avuguero de desesperación?